Las Tres Ciudades. 6 Agosto 2014

Hoy hemos recuperado nuestro ritmo habitual desde que estamos en Malta, por lo que no hemos madrugado, nuevamente a las 8 ha sonado el despertador. Tras tomar un cappuccino y un café americano acompañado de dos cruasanes nos hemos puesto en marcha rumbo a La Tres Ciudades.

La zona comprendida por las ciudades Cospicua, Vittoriosa y Senglea conforman el trío de ciudades conocidas como Las Tres  Ciudades. Son ciudades de pintorescas calles y con una gran historia detrás. Y pese a ello, apenas se ven turistas por sus calles.

La primera de las ciudades que hemos visitado ha sido Vittoriosa, ciudad que tan solo mide 800 m de largo por 400 de ancho. Así que tranquilamente podéis dejar el coche aparcado a la entrada de sus murallas. Nosotros aún fuimos más señoritos y metimos el coche dentro, en busca de una sombra, porque hay que ver como pega el sol ya a estas horas de la mañana.

Hemos estado deambulando por sus calles sin ningún rumbo. Desde El Fuerte de St. Angelo, las vistas sobre La Valletta son espectaculares. 

Lo primero que hemos visitado ha sido el palacio del inquisidor, donde además está la oficina de turismo. Estepalacio, como su nombre indica, albergo los tribunales de la inquisición y cárcel desde 1570. En el palacio puedes ver las antiguas celdas, que a nuestro entender es lo más interesante de este palacio. Este edificio cuenta con una curiosa historia. En 1698 un prisionero, consiguió fugarse en ocho ocasiones. Muy seguro no parece que fuese el edificio.
Vittoriosa

Dando un agradable paseo por sus sombrías calles, hemos llegado hasta el fuerte de St. Angelo, justamente en la punta de la península. Aquí, anteriormente a la fortificación actual, posiblemente la más antigua de la isla, existieron varios templos romanos y fenicios. Es una pena no que no hayamos podido ver el interior del fuerte ya que lo están restaurando. Ese es uno de los problemas de Malta. Está todo en plena rehabilitación. Una lástima.

Antes de continuar hacia Senglea, otra de las tres ciudades, hacemos un alto en el camino para tomar una cerveza y comer algo, en una callejuela estrecha, que pasa bastante desapercibida. Hoy nuevamente el calor golpea fuerte, así que la cerveza fresca ayudará un poco a soportarlo. Hemos probado otro típico plato maltés, del que no sabemos su nombre. Es un pan cabezón relleno de carne, tomate, aceitunas, alcaparras y queso. Todo ello se gratina y resulta ser un plato exquisito.

Aliviados del calor gracias a la cervecita, nos ponemos en marcha hacia Senglea. Aquí resulta más difícil perderse aún que en Vittoriosa. La ciudad no tiene excesivos monumentos de interés, pero dispone de un pequeño paseo entorno al mar que ofrece unas vistas fantásticas de Vittoriosa y de La Valleta. Es una lástima que en nuestra visita se vean más grúas en Vitoriosa que murallas, pero cuando acaben con la reconstrucción seguro que queda espectacular. Pasamos un buen rato sacando algunas fotos antes de ponernos rumbo a Sliema.
Senglea

El resto de la tarde lo dedicamos a recorrer Sliema. las principales atracciones de Sliema son sus tiendas. Es una pequeña ciudad comercial, llena de tiendas de modas. Es una ciudad activa, ya que por la tarde las tiendas están a tope de gente haciendo compras y por la tarde el paseo marítimo se llena de gente que pasea por el o corredores. Es una ciudad en movimiento. En Triq ix-Xatt un extremo del paseo marítimo, se tienen unas vistas de La Valleta magníficas, y por el atardecer La Valleta vista desde aquí es una ciudad preciosa.

Las playas de Sliema son plataformas de roca, nada de arena. Tienes unas pequeñas escaleras para entrar al mar. Aquí el mar es precioso. Lo curioso de estas playas es que tienen unas piscinas excavadas en la roca. Estas piscinas se construyeron para las damas de clase alta, pero hoy las utiliza todo el mundo.

A lo largo del paseo se pueden ver dos torres de vigilancia, la torre St. Julian´s y la torre Il-Fortizza. Ambas torres formaban parte del sistema defensivo costero de Malta. Ahora las dos torres son sendos restaurantes.


Venga a pasear, venga a pasear y se nos ha hecho de noche. Así que decidimos cenar aquí, en un bar en el mismo paseo marítimo, viendo el mar tranquilamente. Un risotto de champiñones y jamón y unos raviolis rellenos de salmón. En este país no hay forma de mantener la línea ni de acabarse uno de los platos que te sirven. Con lo que sobra de cada plato nuestro damos de comer al resto de Malta. Eso sí, estaban bien buenos. Y todo esto lo hemos regado con un vinito blanco del país, que no era el mejor de la isla, seguramente pero que a nosotros nos ha sabido a gloria. Según nuestro fino paladar cervecero, ha sacado una buena nota.

Antes de retirarnos para el hostal, hemos decidido dar un pequeño paseo por la bahía para bajar la cena. Hace una noche estupenda, y da pena retirarse tan pronto.